noviembre-diciembre 2017, AÑO XI, Nº 64

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Una serpiente y su lengua en la boca del lobo
Lengua de serpiente, de Rocío Muñoz Vergara, Rosario, Danke ediciones, 2017.

Una serpiente en la boca del lobo no devora; tiene lengua, excesiva, bífida, y ahí adentro pica, a pesar de su posición menor, de ser cazada: «le suplico a la boca del lobo que se abra, / que se abra para fuera y no me trague,/ que me deje salir,/ y la boca se abre y no le importa,/ quizá ni me percibe/ porque ahora soy Pinocho en boca de ballena,/ Pinocho sin su padre,/ Pinocho solo solo en medio del océano./ No me tragaron, no, pero qué más les da». Ese es el poema y los versos que se encuentran en el centro de Lengua de serpiente de Rocío Muñoz Vergara, un libro que se escribe con una lengua propia para diseñar un cuerpo cuyas vértebras son los poemas.

Pero si elijo este poema del libro para comenzar, es porque entiendo que él concentra una táctica y una ética de la poesía. Una de las posibles, ni más ni menos válida que otras, pero clara y precisa. La serpiente en la boca del lobo no es sino la poeta en la boca del poema que es la boca de la Institución de la literatura. Rocío Muñoz Vergara entra y sale de allí, acciona con su lengua y hace que el lobo la abra para sobrevivir. En esa sobrevida, adentro pero afuera, es como Rocío delinea una forma que viene revitalizando a la poesía escrita desde Rosario, desde Argentina y desde España.

Rocío no se acerca a los premios y circuitos de consagración de la poesía de los ’90 en Argentina, ni los de la estela objetivista en Rosario; pero se mete de lleno, con su llegada, cerca de los años 2000, en la poesía de la ciudad y de Argentina, generando un circuito alternativo y accionando, desde allí, desde ese afuera que es el adentro, otra posibilidad. Entra a la boca del lobo y sale, sobrevive, vive por fuera del mainstream de la poesía, consciente de que no la tragaron, pero también de que «¡qué más les da!». Y esa es una ética de la amabilidad, un desinterés y un despojo ante los otros a quienes, sin embargo, se les respeta la diferencia, se los oye, se les mira las bocas, se establece contacto, pero sin dejarse tragar.

Y es también una forma de vida, una elección que le permite diseñar un mundo propio, lejos del materialismo de la lengua prístina y comunicativa, que no es sino una deriva del énfasis en el sentido del objetivismo y la poesía de los ’90, pero también de todo purismo con su énfasis en el significante. Rocío diseña una lengua bífida, como la de la serpiente, que hace que las oposiciones no se perciban como tales sino como partes de una misma escritura. Pero tampoco hay fusión; hay lengüetazo, con el que se toca, a veces, un sentido saturado al extremo y otras, una musicalidad que se grita sin estridencia. Es una escritura que tampoco le teme a las metáforas, anáforas, símbolos; no, los retuerce, como a los cuellos de los cisnes, para que «chillen los príncipes azules», aunque otras veces, mira una snuff movie mientras «apenas podía masticar la pizza». En ese afuera del adentro, Rocío hace de la lengua un órgano de tacto del lenguaje que ensaya y expande todas las posibilidades de la poesía, y que no reniega de la sutil combinación de vanguardia y tradición.

Pero también esa lengua bífida se mueve, todo el tiempo, entre dos culturas: la argentina-latinoamericana y la española-europea. Si aparece Lorca, también está Darío, y también Borges, y también el Quijote. Porque se trata, desde el inicio, de una dualidad bífida constitutiva de la vida de Rocío que es poesía también: «Me crié leyendo a los Hermanos Grimm y extrañando la República./ La monarquía es un asunto de cuento y de poemas de Rubén Darío./ Los cuentos y los poemas de Rubén Darío son también mis asuntos./ Al otro lado ondea la bandera republicana / de un país al que ya no representa,/ de un país al que yo no represento».

Ese lugar dual que marca una pertenencia de la no pertenencia y una no pertenencia de la pertenencia al país y a la lengua atraviesa la escritura del libro. Porque la serpiente está dentro pero fuera de las bocas del lobo de los países, de las nacionalidades, de las escuelas y de las instituciones, ya que genera un movimiento que, sin embargo, no le impide tomar partido político y poético porque cree en «la cultura en la política en la literatura en el arte es decir en la vida». Y en esa complejidad, la serpiente usa la retórica para alejarse de su anquilosamiento también; es decir, adentro pero afuera de las tradiciones poéticas y retóricas, la lengua de la serpiente es simple, clara y agotadoramente trabajada para lograr la compleja y secreta simplicidad. Cierro con un poema que, en sí mismo, nos permite agradecer que en nuestra vida y poesía haya aparecido Rocío Muñoz Vergara, porque, tal y como termina ese poema, niña, antes de vos, acá, en el 2000, no pasaba nada, nada:

 

La mañana de los lápices

A Claudia Falcone

Quiero ser una estudiante argentina de la UBA,

de filo,

de letras,

joven,

muy joven.

Quiero meterme en política y sentir

que puedo cambiar el mundo

y gritar “¡asamblea!” con ganas,

con furia,

con fuerza,

con la n bien nasal.

Quiero decir Fucoo, alargando la o,

en lugar de fucol, como en España,

donde ni siquiera lo leemos.

Quiero encargar fotocopias

y subrayarlas,

y pensar todo el tiempo

que la literatura y la política

están indisolublemente unidas

y decirlo

y gritarlo.

Quiero la ye rehilada

y “articular un discurso mediatizado por el poder”

y sentir y decir que me aliena,

con una cerveza en la mano,

bien rebelde,

bien beligerante.

Quiero ser la niña Claudia de la noche de los lápices,

dieciocho años,

recitar versos de memoria,

y que no la mataran antes de llegar a la universidad,

y haber luchado por el boleto estudiantil,

que es lo mismo que creer

en la cultura en la política en la literatura en el arte es decir en la                                 vida.

Niña Claudia del caos insurrecto,

por vos pasaba todo,

niña desvencijada

de alumnos por el suelo,

universitaria rota en plena potencia,

por vos pasaba todo.

Contarte solamente

que por España

a mis dieciocho años

no pasaba nada.

Nada.

 

(Actualización noviembre 2017 - febrero 2018/ BazarAmericano)

 

 

 




9 de julio 5769 - Mar del Plata - Buenos Aires
ISSN 2314-1646